¿Por qué cuesta ser emprendedor en España?

Emprender es una las palabras mágicas que se maneja para resolver los problemas que la crisis económica, en particular, el problema del paro. En los mensajes del optimismo “buen rollito” de la campaña de “esto lo arreglamos entre todos”  dominan los discursos donde “emprender” es el término estrella acompañado de algunos videos con historias personales.
También nos encontramos con una saga de consultores y expertos que han trasladado y trasladan recetas del otro lado del Atlántico de cómo “ser un buen emprendedor”, olvidando aspectos socio-antropológicos determinantes en el desarrollo de una cultura emprendedora. Dos pequeñas notas que, en mi opinión, contribuyen a marcar la diferencia entre los Estados Unidos y nuestro país.
Los Estados Unidos es una nación fundada y desarrollada por los millones de emprendedores, principalmente europeos, que llegaron a sus costas. La mayoría, gente sin nada, huyendo de las hambrunas y las persecuciones religiosas, que desembarcaron para emprender una nueva vida en un ambiente favorable lleno de oportunidades pero también de riesgos. Unas gentes impregnadas en el espíritu de la isla de Ellis: la puerta para emprender.
Mientras que en España, durante el imperio, cuando nunca se ponía el Sol, se asentó una cultura de hidalgos, clérigos, burócratas, pícaros y rufianes. Con instituciones monolíticas, como la inquisición y una burocracia omnipresente que llegaba al delirio de levantar acta de las batallas en el mismo campo de batalla. Una cultura que predominó hasta bien entrado el siglo XIX y que la tardía y raquítica Revolución Industrial, salvo en algunas zonas como el País Vasco y Cataluña, no logró provocar las transformaciones necesarias. Si, le añadimos que durante el siglo XX , el país fue asolado por una cruenta guerra civil y 40 años de una dictadura que prolongó las instituciones y burocracias de los siglos precedentes, nos encontramos con una historia que no ha favorecido el espíritu emprendedor.
Lamentablemente, nuestro país, en realidad, se abrió a la modernidad hace 35 años, cuando el resto de nuestra periferia nos llevaba, como media, casi 200 años de ventaja.
Y seguimos sin despertar,  según un artículo de El País, en España, la tasa de actividad emprendedora -el porcentaje de población activa embarcado en un proyecto empresarial con menos de tres años y medio de vida- es del 5,1%. El principal motivo de una tasa tan baja es el miedo al fracaso. Un miedo provocado porque difícilmente tendrás una segunda oportunidad, en una cultura donde: se han encumbrado a los especuladores;  la búsqueda del pelotazo rápido ha estado a la orden del día; se ha mirado con cierta simpatía y envidia al espabilado y al escaqueado; mientras que, al emprendedor serio y responsable se le ha mirado y tratado con cierto desdén.
En nuestro país aún domina la cultura de estigmatizar el fracaso a diferencia de otros países donde, aunque no se premian los fracasos, se consideran como parte del juego, y dos o tres fracasos se pueden llegar a valorar como una parte del aprendizaje del emprendedor. Según la encuesta del proyecto GEM del IE Business School, citada por El País, el 50% de la población activa española afirma que el miedo al fracaso es un impedimento para emprender, mientras que en Marruecos no llega al 25%, posiblemente los marroquíes están impregnados del espíritu de la isla de Ellis cuando se embarcan en una patera. Asimismo, el 64,2% de los emprendedores que fracasaron la primera vez declaran que no lo volverán a intentarlo de nuevo.
El principal obstáculo para emprender en nuestro país es la financiación por eso, hoy en día, no es nada creíble el video con el testimonio de Dolores Escalona. Una jornalera en su origen y hoy empresaria que nos cuenta que se presentó en un banco, hace unos años,  para pedir financiación para iniciar su actividad empresarial, y cuando el banco le pidió que avales tenía, ella le respondió que sus dos brazos y los de sus hijos, contestándole el banco que era el mejor aval que podía aportar.
Dudo que, hoy en día, existan muchas entidades bancaria que te financien con el único aval de tus brazos o tus conocimientos.
Esto solo lo arreglamos entre todos: Empezar sin nada – Dolores Escalona
Una foto de nuestra realidad complicada si consideramos que los cambios estructurales de nuestra economía va a requerir la transformación de una parte importante de la masa de trabajadores asalariados a trabajadores autoempleados o emprendedores. Si la Revolución Industrial conllevo a la concentración del trabajo en grandes centros y la descualificación del trabajo por la división y especialización de éste, convirtiéndolo en un recurso a merced de los vaivenes de la oferta y la demanda. La economía del siglo XXI requerirá trabajadores cualificados, polivalentes, en formación permanente, dispersos e interactuando en redes, muchos de ellos autoempleados, trabajando por proyectos, etcétera.
Si la cultura emprendedora se lleva en los genes, cosa que dudo, lo tenemos muy mal, son muchos siglos de hidalguía, picaresca, burocracia, falsos meapilas y rufianismo para que nuestros genes puedan transformarse de la noche a la mañana. Si no, se requiere una gran transformación social y económica para vehicular el espíritu de la isla de Ellis en nuestro país.
Seguiremos buscando explicación al fenómeno.
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