Transformación. De asalariado a emprendedor

En nuestro entorno socio-económico hemos de empezar a asumir que el empleo asalariado, tal como lo conocemos hoy en día, cada vez será más escaso. El empleo masivo asalariado nació con la era industrial y la concentración de la mano de obra en régimen de productividad  en grandes centros fabriles que posteriormente se fue extendiendo a la prestación de servicios públicos y privados de todo tipo.  La condición de asalariado a lo largo del siglo XX ha estado asociado a una situación de “vender” una parte del tiempo y esfuerzo personal -sujeto a unos horarios y ejecución de unas determinadas tareas- a cambio de unos ingresos monetarios y unos beneficios sociales que, en cierta medida, garantizaban una estabilidad laboral y vital a lo largo de la vida de una persona.
En efecto, el empleo asalariado, en los próximos años, será más bien escaso en nuestro país, porque:
  • por el efecto globalización, la producción industrial de bienes de gran consumo y otros bienes manufactureros con poco valor añadido se ha trasladado  a los países emergentes por los costes de la mano de obra;
  • en el sector de la construcción, gran generador de empleo directo e indirecto en otras ramas de la producción y servicios en los últimos años ha acumulado un stock de viviendas que requerirá unos cuantos años para darle salida;
  • el déficit de las AA.PP. conlleva adelgazamiento de las plantillas vía no sustitución por jubilaciones y disminución del personal temporal o laboral, asimismo, la reducción de las inversiones públicas tiene un impacto directo en el empleo de empresas terceras; o
  • en el sector turístico la contratación de personal temporal está sujeto a los vaivenes de los efectos de la crisis. Sin olvidar, el efecto dominó del descenso del consumo en otros sectores como el comercio y otros servicios.
Los sectores económicos más dinámicos y que aportan valor a una economía del siglo XXI, donde sus principales factores de productividad se basan en el empoderamiento del capital humano y tecnológico, en nuestro país todavía están en una fase emergente y, aunque son creadores de empleo de calidad –economía del conocimiento-, su incidencia en las tasas macro de empleabilidad es más bien baja.  Me da la impresión que la tasa actual de desempleo tardará mucho tiempo en descender sin descartar que, en determinados periodos, pueda crecer  aún más en términos absolutos.
Poder trabajar y obtener unos ingresos que permitan a una persona vivir con unos parámetros acordes con nuestro contexto socio-económico, va a requerir, desde una posición personal, incrementar su empleabilidad, es decir, su potencial profesional, para poder incorporarse a empresas en los sectores económicos más dinámicos -muchos son los llamados y pocos son los escogidos- o apostar por emprender, es decir, autocrearse la actividad que aporte valor añadido, la cual puede dar lugar al embrión de una empresa o una prestación de servicios como profesional autónomo altamente cualificado.
Aunque en nuestro país cuesta ser emprendedor, lo explicaba en una entrada anterior, emprendedores  o creadores de autoempleo siempre han existido, no es nada nuevo, pero las opciones o oportunidades han cambiando porque el margen de viabilidad de iniciativas tradicionales como la de abrir un bar, una peluquería, un comercio o crear una pequeña empresa auxiliar de la gran industria, ya está agotado.
Es curioso observar que, en un espacio corto de tiempo, el coaching para emprendedores se ha puesto de moda. Los supuestos “expertos” sobre el tema – coachers-  abundan como las setas en otoño, obviamente entre la maraña nos encontramos con algunos buenos profesionales con experiencia y conocimiento de causa; las conferencias o  las ponencias evangelizadoras están a la orden del día acompañadas del socorrido “power-point” como síntesis de un “bla-bla-bla” copy-paste de terceros; las cátedras sobre emprendeduría empiezan a proliferar en las Universidades pero sin incorporarse en el diseño curricular de las carreras; y hasta existe una campaña –estosololoarreglamosentretodos.org– patrocinada por las principales empresas del IBEX cuyo discurso se articula en la emprendeduría personal como si fuese la búsqueda del Santo Grial.
Pero este coaching aunque le pueda servir de ayuda a determinadas personas para despertar sus motivos para la acción, no va al fondo del problema que, en mi opinión, requiere crear el ambiente cultural, es decir, el ecosistema que favorezca la emprendeduría abordando las transformaciones necesarias:
  • el desarrollo de una cultura emprendedora –en los diferentes ciclos del ámbito educativo-;
  • la simplificación trámites y barreras normativas –ámbito de las administraciones públicas-;
  • las políticas de impulso sectores innovadores y de valor añadido –subvenciones, planes estratégicos del gobierno, etc.-;
  • las políticas para facilitar la proliferación de capital riesgo –gobierno y agentes económicos-; o
  • la potenciación de redes de conocimiento entre otros factores.
Transformaciones que van a requerir su tiempo para que podamos ver sus resultados, pero que son inaplazables porque la economía del siglo XXI requerirá profesionales cualificados, muchos de ellos emprendedores, capacitados para trabajar en un mundo global, polivalentes, en formación permanente, dispersos e interactuando en redes, trabajando por proyectos, etcétera.
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