Transformación. Presentismo o productividad

En un excelente y oportuno reportaje del periodista de investigación Luis Gómez “La moral (baja) del empleado”, realiza una radiografía del perfil del trabajador medio en las empresas españolas: “es ahora mismo un empleado desmotivado y hasta cierto punto dócil, tan preocupado por la seguridad en su puesto de trabajo que cumple más horas de las necesarias en su empresa y se abstiene de quejas”.
Si con la crisis se ha reducido el absentismo crónico injustificado, ahora surge un fenómeno contradictorio e indeseable: el presentismo para designar al empleado que “está presente en su puesto de trabajo, pero ausente en sus funciones” tal como advierte Alicia Jiménez directora de la consultora Evolución 21 y citado por Gómez.
Asimismo, en el reportaje se hace alusión a un estudio realizado por la consultora Towers Perrin que concluye que únicamente el 19% de los trabajadores declaran estar realmente comprometidos con su empresa y únicamente un 28% de los encuestados tienen una opinión favorable de la dirección. Sin olvidar de que hay un gran riesgo de que el 31% de los empleados que se declaran desmotivados pase a integrar la categoría de desconectados (15% del total).
Son datos demoledores si además le añadimos que 38% de los españoles creen que podrían perder el empleo en los próximos seis meses –el 45,8% en el caso de los menores de 25 años- según el Randstad Work Monitor realizado en 24 países europeos.
Miedo, desconfianza, docilidad y falta de compromiso es un coctel explosivo para cualquier intento de superar la crisis económica y que, en una primera impresión, el decreto de reforma laboral,  farragoso en el contenido y en los objetivos, no ayudará a reconducir la situación porque facilitará que el empresario emplee la llave de la flexibilidad cuando lo requiera, sin plantear otras medidas de mayor calado más motivadoras como las relacionadas con la formación continua a lo largo de la vida laboral o introducir mecanismos para ajustar las prestaciones por desempleo para que incentive más a las personas a formarse y buscar trabajo.
Alargar la jornada laboral innecesariamente por el mero hecho de aparentar o, para ensalzar sus funciones, emplear más tiempo en resolver los problemas y quejarse del volumen de trabajo cuando en realidad su productividad es muy baja, es una merma de la productividad general en la que son tan responsables los empresarios como los trabajadores, los primeros porque no gestionan la motivación en la amplitud del término, los segundos porque se abandonan a un sonambulismo vital, sin perspectivas, movidos por el miedo.
El siglo XXI, a diferencia del siglo XX, debe superar el desafío histórico del siglo XX entre explotadores y explotados –puede sonar a útopico- y, por tanto,  muchos son los retos y las transformaciones que requiere este país para transformar sus estructuras económicas y el mercado laboral para el desarrollo de una economía que sea realmente sostenible. Seguimos parcheando y parcheando… así nos va.
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