Transformación. Reforma laboral o mejora de la productividad

En España, uno de los elementos considerado como fundamental para superar la crisis es la mejora de la productividad del país.
En general, se diagnostica que desde mediados de los años ochenta el crecimiento de la productividad total de los factores de la economía española se ha ido desacelerando. Entre los motivos, el principal,  es por la falta de aprovechamiento de la mejora del capital humano –capacitación y conocimiento- y de las Tecnologías de la Comunicación y la Información de los últimos años.  Obviamente, existen otros motivos colaterales que se podrían achacar a una cultura empresarial más bien raquítica o a determinados aspectos regulatorios y políticas de subvenciones en algunos sectores que no han ayudado consolidar una economía más dinámica e eficiente.
En estos momentos, la negociación de la reforma laboral se está planteando exclusivamente en términos de  reducción de los costes del capital humano -vinculando explicitamente el incremento de productividad- pero sin afrontar los dos aspectos fundamentales para una economía del siglo XXI en nuestro entorno: incrementar el capital tecnológico y su uso eficiente por las empresas y el empoderamiento del capital humano -educación y formación permanente-.
Es un hecho que al tejido empresarial español, salvo excepciones, les trae al pairo el empoderamiento del capital humano – sólo el 18% de las empresas utilizaron los fondos de formación de sus empleados el año pasado mediante la deducción de las cuotas a la Seguridad Social– y muchas otras no invierten lo que deberían invertir en capital tecnológico y lo único que desean es mano de obra barata.
Sin negar que la reforma laboral es necesaria, entendiéndola como simplificación de las modalidades de contratación, facilidades de adaptación de plantillas a las necesidades de producción o prestación de servicios de determinados sectores, optimización de costes laborales, etc.. lo importante y lo urgente es que  está tiene que ir acompañada de reformas para el empoderamiento del capital humano y el incremento del capital tecnológico, aspecto que implica que el sector empresarial tenga que asumir importantes compromisos.
La reforma laboral, tal como se está planteando, nos abocará a una economía intensiva en mano de obra con salarios cada vez más devaluados con el único objetivo político de reducir unos cuantos puntos la tasa del paro.
No hace falta recurrir a las series estadísticas para observar que los países con mayor productividad y aportación de valor añadido suelen tener salarios más altos. Mientras que en España, con bajos salarios, las empresas tienden a invertir menos en mejoras de sus capitales humanos y tecnológicos.
El reto está planteado: o economía del conocimiento acorde al siglo XXI o economía de ingenio azucarero del siglo XVIII.
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