Etnocentrismo 2.0. Una visión sesgada de la realidad

En el ecosistema de gurús, profesionales y otras especies que se mueven, en general, en los entornos de la web 2.0 y, en particular, en las redes sociales online, domina una visión etnocentrista en muchos de sus análisis y opiniones y, por tanto, transmiten una visión sesgada de la compleja y diversa realidad del mundo en que vivimos.
¿Qué es el etnocentrismo?  El etnocentrismo es un concepto del ámbito de la antropología para definir la tendencia que lleva a una persona o grupo social a interpretar la realidad a partir de sus propios parámetros culturales. Asimismo, un etnocentrista considera que su grupo y sus propias experiencias  o prácticas son superiores a los comportamientos de otros grupos. Por tanto, una visión etnocentrista juzga y califica las costumbres, comportamientos, creencias y prácticas de los otros de acuerdo con una visión propia considerada como la deseable. Se asume una posición prepotente al considerar que los elementos de la propia cultura son los positivos y los lógicos mientras que los ajenos son  los negativos, atrasados o dispares.
La visión etnocentrista 2.0 considera que todo el mundo vive las mismas experiencias en la Red, sin embargo el uso de dispositivos y servicios web únicamente afecta a un determinado grupo de personas. Ni todos tienen un iPhone o una Blackberry en la mano, ni todos están en Twitter o en Facebook y ni todos están hiperconectados en la Red. Aún más, todos los que tienen un smarphone o están presentes en las redes sociales las usan y experimentan de la misma forma. Un aspecto son determinadas tendencias en las apropiaciones de unas herramientas y sus usos y otro la diversidad de las realidades que configuran nuestro mundo.
La visión etnocentrista 2.0 se asienta en un determinismo tecnológico abonado de ilusiones y mistificaciones que desembocan en falsas euforias y expectativas que conduce a una visión uniformadora y  plana, aún más, bloquea el aprendizaje porque el etnocentrista no puede aprender de algo que considera inferior o menos valioso que lo que ya tiene. El discurso del etnocentrista 2.0 se construye en oposición a lo que denomina mundo 1.0, ese mundo real donde toda la humanidad, conectada o no conectada,  se enfrenta a todo tipo de problemas o disfruta de lo cotidiano.
Es cierto que en estos momentos estamos en el final de una era, las tecnologías de la información y las comunicaciones –TICs- están aquí para quedarse, con la particularidad de que son transversales en todos los ámbitos de la vida y significa un salto cualitativo en el largo proceso de la humanidad de extender nuestros cuerpos en todas nuestras herramientas y motores para dominar la naturaleza. Con las TICs se abre la posibilidad de que se extienda y libere la memoria del ser humano así como su imaginación creadora, potenciando la interactividad, la cooperación y la colaboración entre los sujetos humanos, una posibilidad que se traducirá en transformaciones muy profundas, de la cuales únicamente percibimos algunos indicios. Aun más, aunque sea cierto que en los países considerados más “avanzados” el ritmo de las cosas van cada vez más rápido, esto no quiere decir que los cambios que provoca la Red sean igual de rápido. Esto lo podemos observar en el caso del acceso a la información y su producción que está  creciendo de forma exponencial, mientras que el conocimiento, a duras penas, crece de forma aritmética.
El etnocentrista 2.0 son como los martillos que piensan todo lo que sobresale es un clavo, sin considerar que también existen los tornillos y, por tanto, se requiere otras técnicas y herramientas para introducirlo en la madera.
El etnocentrista 2.0 señala una dirección, que se corresponde con su camino, pontifica sobre lo correcto y lo incorrecto y su posición –popularidad o influencia-  lo convierte en referente y guía en su círculo de afines. La cuestión:  si todos caminamos en la misma dirección, ¿Cómo sabremos que no hay otra?.
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