La Neutralidad de la Red o el chocolate del loro

Soy partidario de la Neutralidad de la Red, es decir, de una red sin discriminación de tipo alguno y que trate por igual todos los contenidos, sitios Web y plataformas, porque de ese modo se garantiza que se podrá comunicar y acceder a todo tipo de información y que ésta podrá servir para cualquier aplicación o servicio y, por lo tanto, garantice que los usuarios, emprendedores y empresas puedan seguir definiendo y ofreciendo sus servicios  sin necesidad de acuerdos previos con terceros y se garantice la libertad de expresión y la libertad de información. Aún más,  soy de la opinión de que la Neutralidad de la Red debería incluirse como un artículo más en la Declaración Universal de Derechos Humanos.
Sin embargo, aunque al final se consiga que el concepto de la Neutralidad de la Red sea asumido por los Gobiernos democráticos como un principio más de los derechos básicos de los ciudadanos, como la mayoría de estos principios, pasaría a formar parte de la inflación discursiva de la retórica sobre “derechos humanos”, mientras que las normas, deberes y garantías reales se irán ajustando a  los intereses de los mercados y las tácticas y estrategias de los grandes actores corporativos de la Red, sean operadores o proveedores de servicios.
La Neutralidad de la Red, al final acabará siendo el chocolate del loro, una expresión que tuvo su origen en el siglo XVII, cuando los indianos, los que habían hecho las Américas, para agasajar a los invitados les ofrecían una taza de chocolate con rebanadas de pan y al loro que tenían en casa como recuerdo de su antigua vida americana, le ponían en la jaula algo de chocolate de baja calidad para que lo picoteara.
Hoy estamos viviendo una realidad donde los grandes actores de la Red, desde los operadores de telecomunicaciones hasta empresas como Google, Apple, Amazon o Facebook, por citar algunas, están para ganar dinero y lo demás les trae al pairo.  El hecho de que Google esté a favor de la neutralidad de la Red es circunstancial, porque lo requiere su modelo de negocio actual, pero no está nada claro que con la ampliación a nuevas líneas de actividad como las telecomunicaciones respete el sacrosanto principio de neutralidad.
La neutralidad de Red ya se está perturbando, por parte de los operadores, con distintas técnicas como la gestión del tráfico, las diferentes calidades de servicio, la discriminación en precios, la priorización de tráficos, la degradación de aplicaciones (P2P) o los bloqueos (VoIP). En los ecosistemas cerrados de servicios y contenidos son las empresas quienes deciden lo que circula y lo que está disponible como el caso de iTunes de Apple. En la redes sociales son las empresas propietarias las que deciden lo que está permitido o no, es el caso de Facebook con su prohibición de publicar enlaces a webs como  bitTorrent. Con la excusa de la propiedad intelectual, los gobiernos empiezan a implantar sistemas de control y normas sancionadoras contra la libertad de información y, en algunos países, contra la libertad de expresión.
El hecho de que el Senado apruebe una declaración a favor de la neutralidad de la Red es un paso que por el momento se queda circunscrito a una figura retórica, como la mayoría de los artículos de la Declaración Universal de Derechos Humanos, porque la mayoría de los usuarios lo único que vamos a obtener es el chocolate  del loro para estar entretenidos mientras los “grandes” disfrutan de la chocolatada.
Por último, quiero señalar, como escribí hace unos meses, en los discursos de algunos fervientes defensores de la neutralidad de la Red hay mucho dogma neoliberal.
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