De EPA a EPA y desempleo porque toca en una economía enferma

Hoy se ha vuelto a publicar la Encuesta de Población Activa (EPA) correspondiente al primer trimestre de 2011. Los datos son demoledores para la economía y la sociedad española a pesar de que el Gobierno, en su tradicional optimismo “brotes verdes”  declare que no son «datos sorprendentes» y no comprometen la previsión del Gobierno de que haya «clara y sostenida» creación de empleo neta a partir del segundo semestre.
Hemos de señalar que la EPA es la principal fuente estadística para el estudio de la relación de la población española con la actividad laboral y es el referente oficial para la Oficina Estadística de la Comisión Europea (Eurostat). Según la EPA de este trimestre la tasa de paro crece casi un punto y se sitúa en el 21,29%, es decir 4.910.200 desempleados. Todos los sectores reducen su número de ocupados este trimestre y el número de asalariados con contrato indefinido descienden en 139.100 mientras que los asalariados con contrato temporal lo hacen en 54.300, respecto del trimestre anterior. Solo crece el empleo a tiempo parcial (91.900) mientras que desciende en 348.400 personas el empleo a tiempo completo, es decir que además de los 4,91 millones de parados, hay un nuevo récord de 2,18 millones de trabajadores subempleados.
Con un importante impacto social, porque el número de hogares con todos sus miembros activos en paro se sitúa en 1.386.000 y el paro en los jóvenes alcanza el 45,39% en el conjunto de España (Andalucía, Canarias, Valencia y Extremadura supera el 50%).
Esta es la triste foto de un país cuya tasa de paro triplica a Alemania tras haber arrancado la crisis en el mismo nivel. La primera valoración es que el crecimiento económico de nuestro país estuvo basado fundamentalmente en la especulación y el derroche propiciado por las políticas de los Gobiernos del Partido Popular y el PSOE sin consolidar una estructura económica sostenible y competitiva.
La segunda valoración es que las grandes empresas, sobre todo las del IBEX 34, no van a crear empleo de forma significativa. Más bien continuarán con la sangría de empleo estable a través de EREs (Véase Telefónica, Bimbo, BBVA. Adiós al empleo fijo). Las PYMEs, verdaderos artífices en la creación de empleo continúan con su particular vía crucis con estructuras que no ayudan a la competitividad sin flujos del crédito (necesarios para acometer cambios en sus estructuras productivas) y con poca perspectiva de que vuelvan a fluir en el medio plazo.
La tercera valoración es que el crecimiento del paro, junto con el crecimiento de la inflación y las subidas constantes del euríbor es una combinación explosiva para el consumo interno y, por tanto, nuevo elemento en la realimentación de las tasas de desempleo. Es probable que la EPA de los dos próximos trimestres mejore gracias al empleo temporal y estacionario del sector turismo favorecido por los acontecimientos en el Norte de África y Oriente Medio, pero la EPA del cuarto trimestre volverá a mostrarnos la cruel realidad.
Por último, la cuarta valoración intenta explicar por qué con 4,9 millones  de parados (el 45,39% jóvenes) y 2,18 millones de trabajadores subempleados no hay un estallido social o las movilizaciones son más bien escasas. La respuesta es doble, por un lado la economía sumergida absorbe una parte del desempleo declarado y, por otra parte, las estructuras familiares y otras fuentes de rentas están actuando de colchón para que el 45,39% de los jóvenes y el  casi 1,4 millones de hogares con todos sus miembros activos en paro no salgan a la calle manifestando su rabia e indignación. Un parche que no se sostendrá con el tiempo y un mal remedio para una economía y una sociedad enferma después de adorar al becerro de oro durante varios años.
Estamos delante de un panorama complicado y de difícil solución a corto y medio plazo, las actuaciones cortoplacistas de la clase política y los agentes sociales y económicos únicamente sirven para ir capeando el temporal, mientras tanto, las actuaciones pensando en el largo plazo, es decir, en abordar transformaciones que permitan consolidar una economía verdaderamente sostenible y competitiva brillan por su ausencia. Esperemos que no estemos ante una reedición de la metáfora del huevo de la serpiente que asoló la Europa de los años 20 del siglo pasado.
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