El movimiento 15M. Un modelo rizomático de organización

Después de más de un mes, el movimiento 15M está en pleno auge y con una vitalidad que desconcierta a la mayoría de los analistas y políticos. Les cuesta entender, no comprenden, que un movimiento sin líderes identificados, sin una estructura organizativa estable, sin infraestructuras y recursos económicos, es capaz de movilizar a cientos de miles de ciudadanos de toda condición y edad en las principales ciudades del país, como en las manifestaciones del 15 mayo y del 19 de junio, o las ocupaciones multitudinaria de las plazas a las 00:01 horas del día 21 de mayo en contra de la decisión de la Junta Electoral Central. El primer acto masivo de desobediencia civil sin precedente en los últimos 75 años de la historia española.
A los pocos días de producirse la eclosión del movimiento, escribí una entrada en el blog intentando establecer una serie de hipótesis sociopolíticas que me permitiese entender su génesis.  Hoy, mi intención es ir avanzando más en el análisis de un fenómeno sociopolítico singular que no está canalizado por ninguna organización y que mantiene en jaque a los agentes tradicionales en el liderazgo de movimientos de masas, es decir partidos políticos y sindicatos. En mi opinión, analizar la naturaleza y la dinámica del 15M requiere cambiar de paradigma de pensamiento.  No debemos olvidar que todavía estamos sometidos a la dictadura de un pensamiento lineal, basado en la lógica cartesiana, para aproximarnos al conocimiento de los fenómenos aplicando intuitivamente el modelo del árbol de Porfirio. Es decir, buscamos encajar un fenómeno, en este caso un movimiento sociopolítico, en una estructura con una base o raíz que puede dar origen a múltiples ramas, donde la subordinación jerárquica y la organización implícita son sus elementos básicos y definitorios. Sin embargo, el fenómeno 15M, tal como se está manifestando, no encaja con el pensamiento jerárquico de Porfirio, y la cuestión que se plantea es saber si disponemos de un modelo epistemológico que nos permita acercarnos al fenómeno con otra visión. Y la respuesta es sí, porque el pensamiento complejo (véase Edgar Morín), el que está animado por una tensión permanente entre la aspiración a un saber no parcelado, no dividido, no reduccionista y que reconoce inacabado e incompleto todo paradigma de simplicidad, nos permite recurrir a otros modelos epistemológicos que nos permiten aproximarnos a una determinada realidad sin reduccionismos simplificadores.
Por tanto, para acercarnos al modelo del fenómeno del 15M, podemos recurrir al modelo rizomático . En un rizoma (un concepto filosófico desarrollado por Gilles Deleuze y Félix Guattari) la organización de los elementos no sigue líneas de subordinación jerárquica sino que cualquier elemento puede afectar o incidir en cualquier otro sin importar su posición recíproca y, por lo tanto, carece de centro. Internet y las redes sociales son rizomas, la horizontalidad en las interacciones y comunicaciones entre las personas es su característica más destacada, en contraposición con los medios de comunicación de masas donde se impone la jerarquía en la comunicación, el centro elabora el mensaje y lo difunde de forma unidireccional. En el campo de la biología, un rizoma es un tallo subterráneo con varias yemas que crece de forma horizontal emitiendo raíces y brotes herbáceos de sus nudos. Los rizomas crecen indefinidamente, en el curso de los años mueren las partes más viejas pero cada año producen nuevos brotes, pudiendo de ese modo cubrir grandes áreas de terreno. El jengibre es un ejemplo de planta rizomática.
Por analogía, el tallo del movimiento 15M es la indignación de una importante parte de la ciudadanía contra un sistema en crisis. Las raíces y los brotes son múltiples, desde el rechazo contra la Ley Sinde hasta las acciones para frenar los desahucios por impago de las hipotecas, pasando por la denuncia de la falta de transparencia, la corrupción y los privilegios de la política, o la oposición  a los mercados no regulados,  o la reivindicación del sector público al servicio de los ciudadanos, o la crítica a la ilusión del crecimiento infinito, o la reivindicación de los valores que la humanidad ha ido consolidando a lo largo de la historia, o un sinfín de reivindicaciones y denuncias que van brotando y afianzando sus raíces.
En otras palabras, el movimiento 15M es una resistencia, sin centro y con múltiples líneas de fuga con conexiones, contra las jerarquías impuestas, contra una sociedad cada vez más opresiva. La política en su modelo jerárquico-cartesiano institucionalizado, no puede negociar o pactar con el rizoma, porque son modelos contrapuestos, a lo máximo que puede aspirar es a integrar e interiorizar en su discurso-acción algunas de las raíces y brotes del rizoma 15M o esperar que éste pierda su característica rizomática. Asimismo, los intentos de algunos activistas del 15M (véase el manifiesto Yo #soy15m) en jerarquizar las reivindicaciones y organizarlas en unos mínimos como centro común de reivindicación transversal del movimiento, también es una muestra que no entienden, no comprenden, la característica rizomática de éste, porque aunque formen parte del rizoma, su brote y raíz reivindicativa, no es centro de nada.
Asumiendo el carácter rizomático del movimiento, se plantean una serie de cuestiones relacionadas sobre todo con el terreno ideológico en el que se mueve y su incidencia en las instituciones que sustentan un determinado modelo de Estado. Temas que trataremos en próximas entradas.
Imprimir artículo

Comentarios