Los niños «robados». Crónica de un rodaje (1)

Sorprende la capacidad premonitoria de Antonio Machado en sus versos: “Españolito que vienes al mundo te guarde Dios. Una de las dos Españas ha de helarte el corazón”.  La verdad es que cada vez que hurgas un poco, a menudo, este país te hiela el corazón. Debajo de sus alfombras se acumula una suciedad rancia y abyecta que atenta contra los derechos más elementales de la dignidad humana.
Estoy acompañando a Anna (mi hija) en el rodaje de su película-documental sobre los casos de niños robados, llevamos recorridos 2.000 Km del territorio y entrevistados a decenas de madres, padres, hermanos, hermanas y adoptados que sospechan que fueron hijos robados. Son testimonios de personas que buscan saber que pasó con sus hijos o hermanos que supuestamente fallecieron al nacer y que fueron dados (vendidos) en adopción a terceros.
El fenómeno de los niños robados se remontan a los años más oscuros del franquismo cuando se utilizó como un método más de la represión política e ideológica en las cárceles franquistas contra las mujeres republicanas a las que se les arrebataba a sus hijos y los daban en adopción, para “limpiarlos” de la contaminación “marxista”. A muchas condenadas a muerte se les suspendía la sentencia hasta después del parto. Más tarde, lo que fue un proceso de limpieza ideológica se convirtió en un floreciente negocio para una extensa trama de robo y venta de recién nacidos. Un fenómeno que transcurrió durante el periodo de la apertura de la Dictadura  de Franco al mundo y, después, con los diferentes gobiernos de la democracia. Una presunta trama formada por médicos, monjas, sacerdotes, comadronas y funcionarios corruptos que, a partir de los años 50 y hasta hace poco, se dedicaban a arrebatar directamente a recién nacidos a sus madres biológicas para satisfacer una demanda que no podía cubrir la “oferta” de niños y niñas abandonados o no deseados por causas económicas, sociales o morales.
Una presunta trama que encaja perfectamente con el crimen organizado especializado en el tráfico de seres humanos. Estamos hablando de miles de casos. Una trama abyecta porque sus miembros, no se identifican con el perfil clásico de los típicos delincuentes de estos actos delictivos. Sus miembros forman parte la sociedad biempensante, la que no pierde la oportunidad de darnos lecciones sobre la moral o el derecho a la vida. Estamos hablando de sacerdotes, monjas o médicos que decidieron quién tenía derecho a tener un hijo, dónde y cómo, al mismo tiempo que lo convirtieron en un negocio lucrativo. Estamos hablando de familias “pudientes” que compraron a un recién nacido, en muchos casos haciéndoles pasar por hijos biológicos, sin cuestionarse el qué y el cómo obtuvieron ese hijo o hija.
Si tengo que buscarle una connotación simbólica a este viaje, la imagen que me viene es: El corazón en la tiniebla. La narración de Joseph Conrad de un viaje donde uno se convierte en testigo del horror, un descenso a los infiernos donde nadie puede quedar impasible. Todavía nos queda muchos kilómetros y muchas entrevistas en este viaje singular.
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