Día 11: Un día plomizo y apocalíptico

Miércoles, 25 de marzo. Seguimos confinados, pero hoy he salido después de cuatros días a tirar la basura y comprar algunas cosas básicas.

El día es plomizo, parece como si la primavera hubiese desaparecido. He ido, al Mercat de l'Abaceria, casi nadie entre sus paradas bien surtidas de productos frescos. Una situación bastante extraña, ya que es un mercado donde siempre había un constante trajín de personas comprando. Me imagino que la gente tiene a rebosar las despensas después arrasar los supermercados, también puedo suponer que la gente, como yo, sale lo mínimo. La verdad, el día no invitaba a nada. 

No me gustaría estar en la piel de muchos de esos padres o madres afrontados a la realidad de tener que dedicar tiempo a sus hijos porque el margen del que se “entretengan” ellos solos o que los “entretengan” es muy limitado. Es curioso cómo ha desaparecido de las redes sociales esos abundantes “testimonios” de hijos divirtiéndose. Asimismo, no quiero pensar que además deben compaginar las obligaciones de padres con las de “hacer” de maestros. Mientras tanto, parece ser que el objetivo del sistema educativo, a día de hoy, es que los niños y los jóvenes no pierdan el curso, que cubran el temario lectivo en unos momentos que están viviendo una experiencia únicamente imaginada en relatos distópicos. 

Estoy esperando, tal como se lleva anunciando desde que se instauró el estado de alerta sanitaria, que alcancemos ese “pico” de la curva de contagios y esta empiece a torcerse para descender de aquí a unos pocos días. Eso sí, ya superamos a China en números de fallecidos por el coronavirus, expresado así suena a apocaliptico comparando las magnitudes de población. Pero siempre hay un aguafiesta, Torra, el President de la Generalitat, vaticina que si no se realiza el confinamiento total que lleva proponiendo desde hace días, la curva de contagios no bajará hasta junio. A lo mejor tiene razón, pero, considerando la limitación de sus competencias, se parece el clásico cuñado que va por la vida aseverando: “ya lo decía yo”. No es bueno observar que desde las instituciones se transmiten mensajes distintos o contradictorios, sobre todo, cuando estos obedecen a intereses políticos. 

Tengo la sensación que, por el momento, la sociedad en su mayoría está afrontando la crisis con bastante tranquilidad, pero, como esta se agudice, no hay que descartar que el clima social de sosiego se rompa y entremos en dinámicas de agitación de los estados de ánimo. Según algunos expertos, el miedo, la ansiedad, el desánimo y la desesperación, son reacciones, en cierta medida, normales y adecuadas a la situación actual, la cuestión es cómo nos afectará, en tanto que sociedad, cuando se supere la crisis.

Me he leído el artículo de Antonio Muñoz Molina, “El regreso del conocimiento”. Me identifico totalmente con su contenido, con lo que dice:
“Nos habíamos acostumbrado a vivir en la niebla de la opinión; pero hoy, por primera vez desde que tenemos memoria, prevalecen las voces de personas que saben y de profesionales cualificados y con coraje”.

Imagen: Fotograma de la película "Los últimos días" de Alex y David Pastor.

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