Día 13: Nacionalismos y mezquindades en Europa

Viernes, 27 de marzo. Continúa la cuenta de infecciones registradas, de fallecidos y de curados y la curva sigue ascendiendo sin vislumbrarse su aplanamiento. Los colectivos de médicos, enfermeras y auxiliares es uno de los más castigados, 9.444 han dado positivo lo que supone el 14% del total. No es de extrañar, ellos están en la primera línea y no tienen material suficiente ni de la adecuada calidad. No hay agradecimiento suficiente por el esfuerzo y dedicación que están mostrando.

Siempre he defendido posiciones europeístas, en el sentido de consolidar una comunidad heterogénea de culturas, lenguas y orígenes, capaz de convivir juntos en libertad cooperando solidariamente. Las banderas de todo tipo, los himnos y las invocaciones a patrias trasnochadas y cualquier otra efervescencia patriótica me produce un cierto sarpullido mental. Hoy la Europa de la “unión”, más bien algunos estados europeos, con la crisis sanitaria provocada por el coronavirus está mostrando su rostro más mezquino arropado por los nacionalismos trasnochado más rastreros. La Europa egoísta y de los mercaderes está haciendo añicos la cláusula de solidaridad, introducida por el artículo 222 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea. Es triste ver que la UE no deja de ser una institución inepta capaz de imponer sacrificios para garantizar la estabilidad presupuestaria pero no de la salud y la vida de los ciudadanos..

Manifiesto mi admiración por António Costa, primer ministro de Portugal, al responder con “Re-pug-nan-te”, así, silabeando la palabra, al ministro neerlandés de Finanzas cuando éste sugirió una investigación a España por no tener recursos presupuestarios suficientes para contener la pandemia. Pues sí, repugnante porque ahora no se trata solo de economía sino de salvar vidas de una pandemia que no conoce fronteras. La Europa de los 27, cada uno a su bola, sin una estrategia común, defendiendo trasnochadas y rancias soberanías nacionales, acumulando, como es el caso de Francia y Alemania, los materiales y suministros sanitarios necesarios para combatir el Covid-19 y negándose a distribuirlos a los países más afectados. 

Durante el siglo XIX y parte del XX, Europa fue el crisol de los nacionalismos más soberbios, imperialistas e iniciador de los mayores espantos a los que los hombres hayan podido someter a otros hombres a lo largo de la existencia de la humanidad. La construcción de una Europa del siglo XXI uniendo los Estados cuyos ciudadanos en tiempos se mataban entre sí y que ahora intentan cooperar, está en crisis, totalmente en crisis. Ya lo estaba antes del coronavirus.
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