Día 14: Soñando con un paseo por las Ramblas

Sábado, 28 de marzo. Sueño con un paseo, no con salir a la calle. Ahora, salir a la calle produce desasosiego, se camina rápido, hay poca gente y en los cruces de miradas hay desconfianza o temor, los rostros han desaparecidos con las mascarillas o las bufandas caladas hasta los ojos. 

La policía catalana se ha inventado un certificado “autoresponsable” de desplazamiento, donde uno mismo jura, perjura o promete que se está desplazando por los motivos establecidos en el marco del estado de alarma. Te pueden revisar el carro o la bolsa con la compra y mostrar el correspondiente tíquet. De facto es experimentar la misma angustia de un estado de sitio con toque de queda incluido. La única certeza es que, con angustias o sin angustias, es necesario el confinamiento, nuestro único protector, hoy por hoy, del Covid-19.

Pero quiero un paseo de verdad. Quiero vagar por las calle, callejear sin rumbo. Quiero estar abierto a todas las vicisitudes y a las impresiones que me salgan al paso. Quiero recuperar mi actividad de flâneur, quiero poder entregarme en el seno de la multitud. Quiero ser un nómada de las calles, quiero redescubrir el mundo donde vivo, el mundo de lo cotidiano, de las rutinas. Quiero ser el personaje de Las Flores del Mal de Charles Baudelaire, el que camina sin rumbo por las ciudades sin ningún objetivo salvo el propio hecho de caminar; quiero ser El hombre de la multitud de Alan Poe persiguiendo por simple curiosidad a otro hombre; me gustaría ser el poeta de El Paseo de Robert Walser, para que en mi mirada se alterne la belleza de la vida y el absurdo de las convenciones de la sociedad. 

Quiero que Barcelona sea mi escenario. Quiero volver a pisar las Ramblas, quiero volver recuperar ese espacio de mi adolescencia, juventud y madurez que me fue arrebatado por las masas de un turismo homogéneo de paellas precocinadas congeladas, tapas rancias acartonadas y sangría de garrafón. Quiero poder exclamar, como Lorca “La única calle en la Tierra que desearía que no se acabara nunca”. ¡Quiero Pasear! 

"Toda la esencia de la gran Barcelona, de la perenne, la insobornable, está en esta calle que tiene un ala gótica donde se oyen fuentes romanas y laúdes del quince y otra ala abigarrada, cruel, increíble, donde se oyen los acordeones de todos los marineros del mundo y hay un vuelo nocturno de labios pintados y carcajadas al amanecer."
Federico García Lorca, Carta a las floristas de La Rambla de Barcelona. 1935
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