Día 15: Rambo no erradicará el Covid-19

Domingo, 29 de marzo. Ya han transcurrido dos semanas y seguimos por aquí. Además, hoy nos han reducido una hora el confinamiento y nos la devolverán en otoño, espero que la podamos disfrutar. 

Para mantenerme informado suelo escuchar con interés el “parte” o la comparecencia diaria de los miembros del Comité de Gestión Técnica del Covid-19, y me parece más que loable, necesaria y obligatoria que las fuerzas del orden público y el ejército participen en las actividades que ayuden a erradicar la pandemia. Pero, debo manifestar que me cansa, agota y considero un abuso escuchar, día a día, un relato bélico, un planteamiento bélico, un lenguaje militar y guerrero más acorde con el desembarco de Normandía que con el reto de erradicar la infección. Me sobran tantos uniformes de alta graduación explicando, hasta el último detalle las intervención realizada, no es tiempo de exaltaciones de sacrificios castrenses y valores patrios. Hay muchas personas arrimando el hombro.

Me dicen que en esta guerra irregular y rara que nos ha tocado vivir o luchar, todos somos soldados. Pues no señor, como ciudadano, me cuido, intento cuidar mi entorno y adoptar las medidas que están en mi mano para que el coronavirus no avance. Pero ni yo, ni los soldados, ni las policías somos Rambos luchando contra lo invisible, Por favor, si hasta el septuagenario Sylvester Stallone ha cambiado sus guantes de boxeo por otros de latex más seguros para hacer sus compras y otras farándula.

Sin embargo, esta retórica belicista no es causal, no es un lapsus o una desviación por la especificidad del lenguaje militar utilizada por un profesional de las armas, es más bien una retórica útil y peligrosa de alienación social para que aceptemos todas las medidas extraordinarias que un Estado o un Gobierno puedan ir implantando. Porque si eres soldado, pierdes parte de tus derechos ciudadanos, te sometes al mando y ordeno, al control social, y a aceptar las tecnologías invasivas de vigilancia de la vida privada. Ser soldado es convertirse en alguien ajeno a sí mismo, que se extrañe, que haya perdido el control sobre sí. 

¿Qué pasará el día después, al momento del último contagio? ¿Se especula que habrá grandes movilizaciones sociales a causa de la crisis económica que se avecina? ¿El “a por ellos” contra el “bicho invisible” podría mutar e ir contra el descontento social? 

Recrearse ahora con la metáfora bélica es muy tentadora porque si ahora se ven virus, a lo mejor, mañana se verán personas.
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