Día 17: El día después del Covid-19

Martes, 31 de marzo. Según una estimación del Imperial College de Londres que colabora con la Organización Mundial de la Salud en la modelización de la pandemia, en España podría haber ya siete millones de personas (15% de la población)  infectadas por el nuevo coronavirus. Si esta estimación se acercarse a la realidad, esto significa que la mayoría de casos del Covid-19 son leves o asintomáticos a pesar de ser tan contagioso. Ignoro si esta estimación es acertada, pero lo que es cierto es que las cifras oficiales únicamente refleja una pequeña parte de los contagios y no está nada claro hasta qué punto recoge la realidad de los fallecidos. 

No paro de leer artículos y oír declaraciones en las que se especula cómo será la salida de esta crisis sanitaria global y su impacto económico, social y político. Obviamente, todas son especulaciones, muchas de ellas interesadas, sin olvidar, considerando la inmensa capacidad imaginativa del ser humano, las proyecciones de posibles escenarios llenos de distopías y utopías. Por el momento, me quedo con algunas reflexiones de personas que, por su categoría intelectual, me parecen relevantes al margen de suscribir o no suscribir personalmente algunas de las tesis planteadas.

Encuentro interesantes las reflexiones de Byung-Chul Han, uno de los filósofos más destacados del pensamiento contemporáneo, el cual considera, en un artículo publicado hace unos días, que se ha creado un ambiente general de pánico excesivo que no parece corresponderse del todo con las cifras absolutas del daño que está provocando el coronavirus y esto obedece a que “hemos estado viviendo durante mucho tiempo sin enemigos” porque, según Han, la globalización ha suprimido todos los umbrales inmunitarios de las sociedades organizadas, es decir, las fronteras y vallas que impedían la circulación acelerada de mercancías y de capital. Y la irrupción del virus, a provocado, que llenos de pánico, volvemos a erigir umbrales inmunológicos y a cerrar fronteras. El enemigo ha vuelto. Ya no guerreamos contra nosotros mismos, sino contra el enemigo invisible que viene de fuera. Por esto, “la reacción inmunitaria es tan violenta porque hemos vivido durante mucho tiempo en una sociedad sin enemigos, en una sociedad de la positividad, y ahora el virus se percibe como un terror permanente." Para Han el virus no vencerá el capitalismo, pero, como señala: “las inercias derivadas del capitalismo en las que viven ahora las sociedades de prácticamente todo el mundo –la ganancia económica como objetivo señero de toda acción, el individualismo, el racionalismo aplicado a ultranza y en todos los campos posibles, la pretendida primacía de la ciencia como único saber válido, etc.– tienen que detenerse en algún punto”.

Otro autor a tener en cuenta es el filósofo y sociólogo Slavoj Zizek el cual espera que el coronavirus sea el Chernobil del capitalismo, o en sus propias palabras: el capitalismo global ha recibido el “famoso golpe asesino de la película Kill Bill, conocido como técnica del corazón explosivo". También, especula con la paradoja de que el coronavirus nos obliga a aislarnos, al mismo tiempo que "nos obliga a reinventar el comunismo basándonos en la confianza en las personas y la ciencia"; es decir, un nuevo entendimiento de la comunidad.

Zizek resalta otra de las paradojas del momento que estamos viviendo: “en la era en la que el ser humano se encuentra más aislado, ahora deberá aislarse todavía más; en el tiempo en el que más necesita contacto humano real y no meramente virtual, ahora parece que el contacto físico será tabú”. Una paradoja que puede ser redentora, porque, según él, “quizá de este aislamiento surgirán nuevos valores y se reafirmará la importancia de la comunidad, la convivencia y la intimidad. Lo que es indudable es que es un tiempo de reflexión, un tiempo en el que hay menos ruido y por lo tanto, la posibilidad de mayor claridad”.

Manuel Castells, sociólogo y actual Ministro de Universidades, considera que es difícil pensar en el día después cuando estamos sumidos en la angustia, confinados y sometidos a las más grandes incertidumbres. Considera que nada volverá a ser como antes y que nosotros, todos, saldremos transformados de esta experiencia. Pero plantea una serie de cuestiones muy pertinentes: "¿habremos aprendido algo sobre nuestro modo de vivir, de producir, de consumir, de gestionar? ¿Sabremos interpretar esta brutal advertencia para prevenir otras pandemias, claramente posibles por nuestra interconexión global? ¿Y la catástrofe ecológica predicha por los científicos y cuyos signos se multiplican mientras los congresos se divierten? ¿Podemos rectificar colectivamente e institucionalmente la dinámica de autodestrucción en la que nos ­hemos metido?"

Son cuestiones de gran calado y muy transformadoras si las respuestas van en la buena dirección. Porque como afirma Castells y suscribo en su totalidad, se nos plantea una disyuntiva determinante: 

“podemos ir a una crisis económico-social o a una nueva cultura del ser, que es necesaria para sobrevivir”
Imprimir artículo

Comentarios