Día 6: El confinamiento. Necesito oir y ver a los niños

 Anna o la alegría de una niña en un tiempo sin coronavirus
Se me hace extraño no oír y ver a los niños.  Vivo en una zona donde hay un parque para niños y niñas y una plaza, suelo pasar a menudo al moverme por el barrio, sea para comprar o para coger un transporte. Son espacios que por la tarde estaban a rebosar de niños, de todas las edades, en una explosión de actividades: jugando, corriendo, gritando... 

Hoy cuando paso por esos espacios, en esas escapadas para comprar algo, están vacíos, el silencio es sepulcral. Es como si el coronavirus revestido en una versión moderna del flautista de Hamelín, tocando con la flauta una extraña música, se los hubiese llevados a todos a un lugar desconocido al compás de dicha música ¡Qué triste sería un lugar sin niños y niñas! Me recuerda la película distópica Children of Men (Hijos de los hombres), de Alfonso Cuarón rodada en el 2006 y basada en la novela de P.D. James publicada en 1992. Recomendable, tanto la novela como la película con un guión coescrito por el propio Cuarón.

Sin embargo, hay esperanzas, a los niños y las niñas no se los ha llevado nadie, están todos confinados en casa. Lo sé, porque en la finca donde vivo, hay dos, un bebé que de tarde en tarde lo oigo llorar, y lo que en el pasado podía ser una molestia, hoy es un sonido de esperanza y alegría que se escucha a través del patio de luces. El otro, es un niño encantador de siete años, lo conozco, y que desde el confinamiento sale al rellano de la finca con su padre y, durante un breve rato, juega al fútbol inundando con sus gritos futboleros el hueco de la escalera. Su vivienda es pequeña, no llega a los 50 m2, difícil espacio para chutar el balón, y en nuestra escalera hay pocos vecinos, por tanto, ni molesta y ni contraviene las "normas" de aislamiento del contacto social. 

Se me hace difícil imaginar la vida de todos los niños y niñas en su confinamiento, en el reto educativo, de atención y de dedicación de sus padres, madres u otros parientes. Sobre todo considerando la exclusión o el incremento de las desigualdades sociales y educativas que plantea la brecha digital que subsiste en muchos hogares (en España hay un 1.400.000 menores que viven en situación de pobreza severa, y 2.200.000 en riesgo de pobreza), dudo que tengan la oportunidad de disfrutar del ocio infantil y las actividades escolares online que se les están proponiendo para aliviar el confinamiento. Porque la realidad es que España vive una situación de pobreza infantil estructural desde hace mucho tiempo (extensible a territorios de más renta, como en el caso de Cataluña donde el 28,6% de los niños están en riesgo de pobreza según UNICEF) y esta nueva crisis la está haciendo más presente y, posiblemente, la incrementará. 


PD: Hoy es el equinoccio de marzo (de primavera en el hemisferio Norte), uno de los dos días del año en que el sol ilumina justo la mitad de cada uno de los hemisferios Norte y Sur. Así se ve desde el satélite japonés Himawari: una línea vertical separa el día (derecha) de la noche (izquierda). 



Por el momento toca "disfrutar" de la primavera desde el balcón, la ventana o la terraza para aquellos más afortunados, Sin los niños desbordando las plazas y los parque no hay primavera. También nos queda la canción de Jacques Brel: "Au printemps"


Imprimir artículo

Comentarios