Día 29: No somos nadie

Domingo, 12 de abril. Casi nunca me he prodigado por posiciones ecologistas o por el activismo medioambiental, pero gracias al confinamiento dispongo de más tiempo para reflexionar.  Es que el simple hecho de constatar que un insignificante “bicho” de menos de 0,3 micras de diámetro -250 veces más pequeño que un cabello humano- me puede enviar al otro barrio, a uno le da por pensar, aunque sea un poquito, por su existencia y posición vital en el mundo. 

Hace un par de semanas recogía en el Diario unas palabras de Pepe Mujica cuando se refería a que “no somos señores y dueños de este Mundo” y pensaba, como muchos, que hemos tensionado hasta el límite nuestro planeta. Es un tema al que le estoy dando vueltas y vueltas porque veo que en los últimos 30 años hemos ido asistiendo a un drástico proceso de hegemonización mundial del neoliberalismo sobre la base de una financiarización de la economía sin reglas con intensas transformaciones en muchos campos. Entre ellos, la subordinación de las políticas económicas nacionales a los mercados financieros internacionales con los consiguientes cambios en las relaciones entre el Estado y la Sociedad Civil o el deterioro creciente de la relación de la “humanidad” con el Planeta que se evidencia con la sobreexplotación de los recursos naturales, la nula conservación del medio ambiente y los efectos sobre el clima. 

Esta especie de reflexión o diagnóstico del capitalismo actual realizado, a bote pronto, desde el balcón de mi casa mientras disfruto del sol del atardecer que acompaña mi confinamiento, me recrea la imagen de un “hombre” que había iniciado el siglo XXI como dueño y señor de su destino, dominando tecnologías cada vez más avanzadas en todos los campos, con la naturaleza subyugada y dispuesto a escapar de nuestro hábitat natural mediante viajes siderales a mundos desconocidos para colonizarlos. Pero llega el Covid-19 o Sars-CoV-2, sí, ese “bicho” de 0,3 micras y nos devuelve a nuestra realidad; la triste realidad de que no somos dueños de nada, ni señores de nada, que únicamente somos un animal mamífero del orden de los primates, suborden de los antropoides, género Homo y especie Homo sapiens. Uno más, en el hábitat del planeta Tierra. Eso sí, inteligentes y creativos, pero comportándonos como el más terrible depredador, tanto con resto de las especies vivas como con nosotros mismos. 

Sin embargo, el coronavirus nos avisa de que nuestros depredadores de verdad, los que nos pueden fulminar, son los microbios: virus, gérmenes, bacterias, bacilos. La mayoría tienen su origen en animales salvajes, en ecosistemas que hemos tensionados hasta el límite, y luego saltan a los humanos provocando importantes mortandades a través de epidemias y pandemias. La peste bubónica, el cólera, la sífilis, la viruela, la malaria, el sida, el ébola o las diferentes variantes de coronavirus.

Eso sí, a pesar de nuestra soberbia y ceguera, tenemos momentos de lucidez y reconocemos exclamando resignadamente, sobre todo en los pésames y velatorios,  que: “no somos nadie”. Es, en momentos como estos, cuando ponderamos lo insignificante que es la existencia humana y lo expuesto que estamos a los golpes del destino. Es ese pequeño instante en el que nos damos cuenta de cómo somos de intrascendentes. 

Imagen: Escudo de Plagas: La muerte coronada como vencedora. 1607-37, Augsburg, Alemania

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