Día 32: Ignorancia, miedos, fanatismos y odios

Miércoles, 15 de abril. Llevo 32 días confinado. El mundo sigue confinado, ¿quién lo desconfinará? El desconfinador que lo desconfine buen desconfinador será. A lo mejor tengo que empezar a contar por semanas y no por días. 

En estas situaciones de crisis extremas, cuando se esfuman las perspectivas de futuro, cuando nos invade la incertidumbre y no vemos abocados a caminar sobre la cuerda floja y al filo de la navaja de una existencia frágil o cuando se intensifica el instinto de supervivencia o del abandono resignado, es el momento en que aflora lo bueno y lo malo de cada uno. Lo bueno, la generosidad, es tan patente que no sé ni cómo dar las gracias cada uno de los días a los cientos y cientos de miles de personas que desde hospitales, supermercados y servicios de todo tipo, cumpliendo con sus obligaciones profesionales en unas circunstancias tan excepcionales, hacen posible que me sienta seguro y bien atendido. Sin embargo, van apareciendo las noticias sobre actos odiosos que, aunque minoritarios, son una muestra de lo ruin que puede ser la naturaleza humana. 

Me ha impresionado la noticia de que una doctora de Barcelona al ir a subir a su coche que tenía aparcado en el parking de su urbanización para salir a trabajar al hospital como cada día se ha topado con un mensaje de algún vecino pintado en el lateral de su vehículo que decía: "Rata contagiosa". La cuestión es que no es la primera vez que surge este tipo de mensajes o actitudes de discriminación e insolidaridad hacia algunos trabajadores y trabajadoras del sector sanitario por parte de sus caseros o vecinos, tal y como denuncia la Federación de Sanidad y Sectores Sociosanitarios de CCOO (FSS-CCOO). Según este sindicato, se están dando situaciones en las que los caseros no les renuevan los contratos de alquiler o que hay vecinos que les hostigan para que abandonen su domicilio por miedo a un posible contagio del Covid-19. Este cóctel explosivo de fobia hacia quien puede tener contacto con el coronavirus, donde se mezclan ignorancia, miedos, fanatismos y odios, no es nada nuevo, ya pasaba en el siglo XIV con la peste negra, cuando se acusó a los judíos -los únicos que tenían un conocimiento médico avanzado en la época- como los causantes de la epidemia por medio de la intoxicación y el envenenamiento de pozos y dio origen a pogromos en muchos lugares de Europa. Sin olvidar las discriminaciones profesionales y sociales por seropositividad de las personas afectadas del VIH que fueron terribles en los años 80 y 90 del siglo pasado y que, en menor medida, aún continúan. Como expresó el escritor Edmund White: “La gente no quería darte un beso en la mejilla”. 

Y hablando de besos en mejillas y volviendo al siglo XXI, el coronavirus nos va a llevar a mantener eso que llaman “distancia social” hasta el año 2022 mientras no se disponga de tratamientos específicos y vacunas según el estudio publicado en la revista Science por investigadores de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard. Me pregunto:¿Nos espera un largo periodo sin besos y abrazos, obligados a mantener esa distancia mínima de 1,5 metros?

Imagen: Foto difundida en las redes sociales.


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