Día 33: Las oportunidades detrás del coronavirus para mejorar nuestra existencia

Jueves, 16 de abril. Hoy he vuelto a estar en el hospital para recibir mi quinta y penúltima sesión de quimioterapia. Una semana más tarde de lo previsto y, como manifesté en la visita anterior, deseaba volver a encontrarme con todo el personal sanitario y administrativo en la trinchera. Faltaba alguno, he preguntado por ellos y me han dicho que no estaban por cambios en los turnos, me he alegrado mucho por ellos. También les he preguntado cómo estaban después de todo este tiempo transcurrido y me han comentado que, a pesar de estar un poco agobiados por la situación, lo están llevando bien, que ya lo han incorporado en su rutina. No me extraña, son personas acostumbradas a cuidar pacientes especiales. Después del chute del alcaloide de la corteza del árbol tejo del Pacífico, un contumaz asesino de células, me he vuelto a despedir de ellos, hasta dentro de tres semanas, deseándoles lo mejor y agradeciéndoles su atención y pidiéndoles, por favor, que sigan cuidándose, porque los necesitamos.

Mientras estaba conectado al gotero y el cóctel letal va penetrando lentamente en el torrente sanguíneo para distribuirse por todo el organismo, cruzaba los dedos para que la dosis fuese la justa y la necesaria, porque la resaca posterior puede ser de aúpa, reflexionaba sobre los numerosos tópicos en plan “chachi piruli guay” que leo o escucho sobre las oportunidades transformadoras que, tanto a nivel personal como en nuestras relación con la sociedad o la naturaleza, la pandemia del coronavirus nos puede ofrecer. A modo de ejemplo de esas supuestas oportunidades: pensar; cambiar; reinventarse; descubrir capacidades latentes, crecer como persona; tomar conciencia; reforzar la familia; replantearse la familia; extraer lecciones indispensables de la vida; cambiar nuestra relación con el planeta; motivarnos para reinventar el mundo; etcétera. 

Hasta cierto punto, con las crisis de salud —pandemias, epidemias, enfermedades, accidentes, etcétera— sobre todo cuando uno está viviendo en una encrucijada de vida o muerte, se nos abre la oportunidad de pensar,  a algunos de pensar mucho, Siendo, en general el punto de partida inicial de la resignación —esclavización de la situación, el abandono — o de la aceptación —es lo que hay, forma parte de nuestra vida, es nuestra nueva realidad—. 

Sobre la resignación, no tengo elementos para aportar una opinión. Pero, a partir de la aceptación, aquí si que puedo aportar mi criterio, creo que las oportunidades que se pueden abrir van a depender de muchos factores y, en algunos casos, requerirá destinar un gran esfuerzo para superar las barreras físicas y/o psicológicas que puedan ir surgiendo. Sin embargo, creo que toda persona puede replantearse la vida, su vida, sin tener que recurrir a romantizar las enfermedades. Estar enfermo, o sufrir un contagio de un virus que surge inesperadamente es una inmensa faena que altera la vida de cualquier persona y no se curan ni con las miles de frasecitas de Paulo Coelho o con las de otros pseudo chamanes de la autoayuda y, por supuesto, con la exaltación bélica —lucha, batalla, combate, guerra, etcétera—. Las enfermedades y los contagios se superan con investigación, desarrollo, prevención, infraestructuras sanitarias, tratamientos y, sobre todo, con buenos profesionales.

Pues eso, bastante tiene uno con ir superando un cáncer gracias a los tratamientos y la atención de buenos profesionales, para que aparezca un “mamón” de virus y nos incremente nuestro status de personas en riesgo. Si hacemos caso a los charlatanes de las oportunidades “chachi piruli guay” éstas se nos podrían potenciar para transformar nuestras vidas. Las situaciones límites nos iluminan, es lo que nos quieren transmitir. Sin embargo, ni a mí, ni a la mayoría de las personas que estábamos en la sesión de quimio, y me atrevería a afirmar que ni al resto de la humanidad, necesitamos padecer enfermedades, contagios, guerras, o desastres naturales, para pensar y explorar nuevas oportunidades. La cultura, el humanismo, el conocimiento científico y el cultivar valores basados en los derechos humanos —ya hay mucho escrito— son los únicos ingredientes que, de verdad, nos empujan a las encrucijadas que nos ayudan a cuestionar nuestras vidas y a explorar nuevas oportunidades para ser mejores personas y para transformar nuestras vidas.

Imagen: Foto difundida en las redes sociales.



Imprimir artículo

Comentarios