Día 39: ¿Hacia una economía del confinamiento?

Miércoles, 22 de abril. Un día más y un día menos. Inexorablemente el tiempo nos está pasando su factura y nos va a dejar sin mañana. Siempre nos queda lo que dijo Marcos Mundstock el narrador de los Luthiers: “todo tiempo pasado fue anterior”.

Desde distintos foros cualificados se va asumiendo la idea que es necesario que en torno al 70% de la población se contagie en los próximos meses para crear esa inmunidad denominada del “rebaño”. Supongo que el único elemento a tener en cuenta es el ritmo de contagios y mantener en pico de la curva en ese punto óptimo para que los sistemas de salud no se colapsen. Por tanto, es de suponer que hasta que no se llegue a ese tanto por ciento, el goteo de unos cuantos centenares de fallecidos diarios por el coronavirus seguirá siendo importante. Es decir, mientras no tengamos vacunas y tratamientos específicos, todo apunta a que se impondrá la selección natural en los términos expresados por Darwin.

También estoy observando que se incrementan los análisis, pronósticos y otras especulaciones de cómo deberá o debería ser el proceso de desconfinamiento y la vuelta a la normalidad, y son varias las preguntas que me ronda por la cabeza: ¿Qué significa volver a la normalidad, es volver a la misma situación en la nos encontrábamos antes de la pandemia? ¿Alguien piensa que, después de decenas de miles de muertos, sectores de actividad económica arrasados, con personas arruinadas y sumidas en la pobreza, podremos dar un salto “mágico” y, en un plis plas, encontrarnos en la misma situación socioeconómica y anímica que la que teníamos a principios de este año? ¿Alguien, al margen de opiniones personales, está pensando en aprovechar la oportunidad de esta crisis para replantear muchos aspectos de nuestro modelo de vida, de nuestro modelo de producción y consumo, en definitiva, de nuestro modelo de sociedad? 

La única normalidad que intuyo, como mínimo hasta que no se disponga de una vacuna, es la que denominan la “distancia” social y afectará a todas aquellas actividades donde se juntan las personas: restaurantes, cafeterías, bares, discotecas, gimnasios, hoteles, teatros, cines, galerías de arte, centros comerciales, ferias de artesanía, museos, conciertos, conferencias, viajes organizados, transporte público, guarderías, centros cívicos para la tercera edad, etcétera. El aislamiento social y la falta de contacto físico va a ser la norma.

También intuyo que se va a potenciar mucho el modelo de producción y consumo de una economía basada en el confinamiento de las personas: lo vemos en el teletrabajo, el cual se irá generalizando pudiéndose extender a tareas de control remoto de sistemas tecnológicos complejos de producción robotizados. Lo vemos en el consumo de online productos de todo tipo gracias a potentes plataformas de logística y distribución — Amazon es un ejemplo— . Sin olvidar todo el entretenimiento, ocio y actividades culturales que está a nuestra disposición digitalmente y que se va potenciar de una forma extraordinaria. La digitalización de nuestras vidas y actividades, la cual ya es una realidad, se desarrollará de forma exponencial en el corto plazo. ¿No era este el año de la tecnología 5G, el año de la gran conectividad?

Si esta economía basada en el confinamiento toma cuerpo, vamos a ver como va a arrasar con una gran parte de la economía que sustentaba la “normalidad” antes del coronavirus. No es difícil de augurar que muchas actividades económicas están abocadas a desaparecer y que muchas personas estarán condenadas a la precariedad más absoluta. 




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