Día 41: “Mondo cane” en la era del coronavirus

Viernes, 24 de abril. Esta mañana he conseguido gel hidroalcohólico al precio de 24 euros el litro, más o menos lo que cuesta una botella de Chivas Regal 12 años, está claro que con pandemia o sin pandemia, el precio se rige por la oferta y la demanda. Más tarde, por la noche, me entero que han regulado el precio máximo del gel a 15 euros el litro. Pues eso, no me miro al espejo para no verme la cara de tonto.

También, hoy he recogido en la farmacia la famosa mascarilla quirúrgica que nos entregaban las “autoridades” sanitarias de forma gratuita para protegernos del virus de marras. La verdad es que yo no me fiaria mucho, es como ponerte dos o tres capas de papel de fumar en la boca y, además, nos tiene que durar un largo tiempo. Cómo hubiese dicho mi madre: ¡todo esto es un paripé! Acabo de comprar vía Aliexpress unas pocas mascarillas FFP2 a los chinos, considerando los antecedentes sobre fraudes millonarios a gobiernos, ignoro lo que me llegará, si me llega algo. 

Mondo cane (en castellano, Este perro mundo) fue una película italiana semidocumental realizada en 1962 que consistía en una serie de viñetas de prácticas culturales en todo el mundo que pretendía impactar o sorprender al público, la verdad que a mí me me sorprendió cuando la vi con 14 años. Hoy, en la era del coronavirus uno se desayuna, día a día, con cientos de noticias sobre prácticas, anécdotas y otras vicisitudes que ocurren en el mundo mientras uno está confinado y que superan con creces a aquellas escenas de la película. 

Ya tenía claro que al Sr. Trump no le funcionaba muy bien la chaveta, pero que en una conferencia de prensa, el mandatario de la primera potencia científica, económica y militar del mundo sugiere que se puede tratar el covid-19 con una inyección de desinfectante o con luz solar, es para ponerse a temblar con solo pensar en qué manos estamos. Lo interesante sería conocer el número de estúpidos que palmen por la inyección de lejía u otro producto.

Lo intuyo y creo que lo del coronavirus va a ser un sinvivir durante bastante tiempo. En China, donde se originó la pandemia en Wuhan, en la provincia de Hubei, la cual ya está en una fase avanzada de desconfinamiento, ahora vuelve aparecer un nuevo foco en la ciudad de Harbin, frontera con Rusia. Según cuentan, han detectado un “supercontagiador” en un hospital, el Sr. Chen, un hombre de 87 años que se infectó durante una cena con amigos de sus hijos. Todo apunta que el Sr. Chen ha transmitido el virus a 78 personas, de las que 55 son casos confirmados y el resto, asintomáticos. La mayor parte son familiares o personal médico del hospital en el que se encuentra ingresado. Al menos dos casos que se pueden trazar hasta Chen se han detectado en otras provincias, lo que pone de relieve la facilidad con la que el virus puede volver a propagarse.

El próximo domingo ya podrán salir nuestros niños a pasear una hora diaria por las calles acompañados por un adulto y manteniendo la correspondiente distancia social con otros niños y personas —cada día odio más lo que representa el concepto de “distancia social”— . Uno lee las recomendaciones y, en mi humilde opinión, básicamente hay que hervirlos o meterlos en el horno a 70 grados durante 30 minutos para garantizar una correcta desinfección. 

Al mismo tiempo me entero, según un estudio realizado por las universidades de Huazhong (China) y de Carolina del Sur (EE UU) con escolares preadolescentes: uno de cada cinco menores de la provincia de Hubei presentaba síntomas depresivos o de ansiedad pasado un mes de encierro en su domicilio. Es decir, el 22,6% de los estudiantes mostraron tener síntomas depresivos, más de cinco puntos por encima que en otras investigaciones en las escuelas primarias. Otro efecto colateral del coronavirus a tener en cuenta. Los especialistas ya se preguntan si estos niños se recuperan del todo cuando salgan o si desarrollarán síntomas que requerirían tratamiento.

Nadie se lo podría imaginar, el coronavirus está forzando movimientos migratorios inéditos y a la inversa. Marroquíes y argelinos huyen del virus y del consecuente parón económico. Según cuentan, un grupo de unos cien marroquíes se embarcó a finales de marzo en dos botes inflables para volver de forma clandestina a su país y burlar las restricciones decretadas para frenar el virus tanto en España como en Marruecos. Cada uno pagó unos 5.400 euros por el viaje, que concluyó en una playa de Larache — la ciudad en la que nací— , en el noroeste de Marruecos. También la prensa ha reportado este fenómeno después de que se detectaron tres barcos con 12 inmigrantes a bordo al este de Orán, en el noroeste de Argelia. De cualquier forma los inmigrantes continúan llegando, aunque menos, “irregularmente” por tierra y mar a España.

No podía faltar, ya empiezan las rebajas. El Corte Inglés, Inditex, Mango y Cortefiel lanzan rebajas de hasta el 50% para dar salida a la ropa sin vender vía venta online. También, las grandes cadenas están planteando cómo será la venta directa al público cuando puedan volver a abrir: mantener la distancia social en el establecimiento, dispensadores de gel hidroalcohólico en diversos puntos, desinfección de los probadores después de cada uso y desinfección de la ropa probada y ni comprada. Realmente, comprar ropa va a ser todo una experiencia. Se acabó lo de las avalanchas en épocas de rebajas. Lo único cierto, es que lo que queda del pequeño y mediano comercio de venta de ropa está condenado a desaparecer al no disponer de plataformas de venta online y, sobre todo, la dificultad que tendrán para implantar las medidas higiénico sanitarias que se están planteando. 

¡Mondo cane!



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