Día 48: Los trabajadores son los que nos salvan del coronavirus

Viernes, 1 de mayo. Todavía confinado, con la esperanza de que esto se acabe. Es bueno recordar que en un día como hoy, en 1886, miles de trabajadores de la ciudad de Chicago iniciaron la huelga por la consecución de la jornada laboral de ocho horas. Después de días de huelga, de la masacre de la plaza de Haymarket perpetrada por la policía— 38 muertos y más de 200 heridos— , del estado de sitio y toque de queda en la ciudad con la detención y tortura de cientos de trabajadores acusados de la muerte de un policía, al final fueron condenados a muerte cinco sindicalistas anarquistas. 

En homenaje a aquellos sindicalistas de Chicago, hoy se celebra el Día Internacional de los Trabajadores, una jornada de lucha reivindicativa. Sin embargo, las calles están vacías, no hay manifestaciones en el mundo, no escucharemos los clamores reivindicativos junto al griterío festivo. Pero hoy es un buen día para recordar que los derechos que muchos disfrutamos son conquistas que se han ido arrancando, año tras año, al poder económico a costa de sangre, sudor y lágrimas. También es un buen día para recordar que existe una conciencia de clase, aunque algunos intenten hacernos ver que es algo del pasado. Es la conciencia de pertenencia a un sistema de valores e ideas fundamentada, básicamente, en la honradez, la responsabilidad profesional y la solidaridad.

Y este año, en especial, es un buen momento para reivindicar que nuestra supervivencia al coronavirus es gracias a la clase trabajadora. Sí, es gracias a los trabajadores de la salud, desde la persona auxiliar de limpieza, hasta el médico especialista en la UCI. Se movilizaron en masa, sin tener claro los protocolos asistenciales para enfrentarse a una enfermedad contagiosa; acudieron a sus puestos de trabajo sin disponer del equipamiento básico de protección, llegando a utilizar bolsas de basuras como EPIs; han estado, están y seguirán estando en la primera línea contra el virus con decenas de miles de contagios en sus filas; y para muchos de los pacientes fallecidos han sido esa única voz dulce y esa mano cariñosa que les han acompañado en su último estertor. Ellos han estado durante años, en las mareas blancas, reivindicando y defendiendo una Sanidad Pública de calidad y contrarios a los procesos de privatización y depauperación profesional del sector. Mucha gente no les hizo caso, pensaban que era una reivindicación por simples intereses corporativos, hoy mucha gente descubre que lucharon y siguen luchando para que todos tengamos unos servicios de salud de calidad.

También, nuestra supervivencia se la debemos a todos los trabajadores del sector de la alimentación, desde el emigrante que recoge tomates en uno de los invernaderos de Almería hasta la cajera de un supermercado. Y se la debemos a tantos y tantos trabajadores de diferentes sectores, que sería agotador enumerarlos. Son trabajadores por cuenta ajena, son trabajadores del sector público, son autónomos, son pequeños propietarios que están ahí, dando el callo, para que todos podamos salir de esta pandemia. Es esa conciencia de clase —honradez, profesionalidad, solidaridad— lo que los caracteriza. No son los grandes empresarios o banqueros con sus donaciones “desinteresadas”, no son los grandes especuladores de los fondos buitre, tampoco son los pequeños especuladores carroñeros.

A finales de mayo de 1886 varios sectores patronales accedieron a otorgar la jornada de ocho horas a varios centenares de miles de obreros. El éxito fue tal, que la Federación de Gremios y Uniones Organizadas expresó su júbilo con estas palabras: “Jamás en la historia de este país ha habido un levantamiento tan general entre las masas industriales. El deseo de una disminución de la jornada de trabajo ha impulsado a millones de trabajadores a afiliarse a las organizaciones existentes, cuando hasta ahora habían permanecido indiferentes a la agitación sindical”.

Tal vez, en un futuro, cuando un colectivo se ponga en huelga nuestra mirada vaya más allá de las reivindicaciones concretas de dicho colectivo y pensemos hasta qué punto esa lucha refuerza nuestros derechos colectivos y, por tanto, debemos ponernos a su lado.

¡Viva el Primero de Mayo!



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Comentarios

  1. Hola, realmente muy bueno el blog, y totalmente de acuerdo con este artículo..Es muy fuerte que recién ahora muchos tomen conciencia de que los únicos imprescindibles son los currantes, toda esa mafia de políticos, banqueros, grandes empresarios y una larga lista de parásitos, sobran.Más que nunca sigo pensando que los cambios se dan desde abajo y luchando en los distintos escenarios: fábricas, otros lugares de trabajo, barrios, asociaciones no subvencionadas por los poderes de turno. "La libertad no se pide, se conquista.' Un saludo y felicitaciones por ell blog!!!

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